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	<title>Comentarios en: Falleció Alinka Zabludovsky, mujer ejemplar</title>
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	<description>In Memoriam</description>
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		<title>Por: victoria dana h</title>
		<link>https://alinka.zabludovsky.info/2009/03/fallecio-alinka-zabludovsky-mujer-ejemplar/comment-page-1/#comment-291</link>
		<dc:creator>victoria dana h</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 Nov 2012 00:04:32 +0000</pubDate>
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		<description>Querida Alinka: Sólo tuve tres encuentros contigo. Los tres significativos. En el primero, platicabas con humildad que eras una niña que no sabías nada de la vida cuando Abraham te introdujo al mundo del arte y de la intelectualidad mexicana. En el segundo, en tu casa, con una mesa decorada al estilo independencia mexicana, me explicaste la importancia de las fechas, de guardar las tradiciones, de hacerlas nuestras. La última vez que te vi, también en tu casa, acababa de fallecer tu esposo y con él, tú perdías tu mirada al mundo. Recuerdo que les dijiste a los nietos: nunca se olviden de dónde vienen, nunca olviden a su abuelo, un hombre maravilloso, que se entregó a su trabajo hasta el último día de su vida. A pesar de no conocerte realmente, te he percibido a través de tu hija, de Gina, quien todavía habla de ti con la mirada húmeda de  nostalgia. Gina, en un mundo de hermanos, hijos, esposo, perdió la parte femenina que sólo tú podías representar: madre, amiga, hermana, tan auténtica tú, tan auténtica ella.
 Lo que no puedo olvidar y no olvidaré nunca, es el color de tus ojos: imagino que si el paraíso tiene ventanas, son del color de tus ojos.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Querida Alinka: Sólo tuve tres encuentros contigo. Los tres significativos. En el primero, platicabas con humildad que eras una niña que no sabías nada de la vida cuando Abraham te introdujo al mundo del arte y de la intelectualidad mexicana. En el segundo, en tu casa, con una mesa decorada al estilo independencia mexicana, me explicaste la importancia de las fechas, de guardar las tradiciones, de hacerlas nuestras. La última vez que te vi, también en tu casa, acababa de fallecer tu esposo y con él, tú perdías tu mirada al mundo. Recuerdo que les dijiste a los nietos: nunca se olviden de dónde vienen, nunca olviden a su abuelo, un hombre maravilloso, que se entregó a su trabajo hasta el último día de su vida. A pesar de no conocerte realmente, te he percibido a través de tu hija, de Gina, quien todavía habla de ti con la mirada húmeda de  nostalgia. Gina, en un mundo de hermanos, hijos, esposo, perdió la parte femenina que sólo tú podías representar: madre, amiga, hermana, tan auténtica tú, tan auténtica ella.<br />
 Lo que no puedo olvidar y no olvidaré nunca, es el color de tus ojos: imagino que si el paraíso tiene ventanas, son del color de tus ojos.</p>
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