Álinka tenía una cualidad muy especial. En cada ocasión me hacía sentir como alguien querida.
Recuerdo en mi niñez me encantaba ir a su casa. Era increíble desde la bienvenida, las conversaciones, el ambiente familiar, su cocina… en especial las crepas de Huitlacoche.
Era una mezcla de idishe mame con la mujer moderna con una identificación judio-mexicana extraordinaria.
Es triste saber que ya no está con nosotros pero nuestras convivencias me hacen recordarla con un sentido muy complaciente, muy alegre.
René Rozen
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