Desde que yo conocí a Álinka, siempre tuve mucho cariño por ella. Tenía una energía muy positiva Era una mujer muy especial.
La amistad entre nuestras familias empezó desde hace mucho, cuando mi hermano Arturo se hizo amigo de su hijo Jaime. Pero, aunque Álinka y mi mamá se conocían desde hace mucho, fue a raíz de que enviudaron cuando empezaron a compartir muchas cosas en común.
Mis hijos decían que Álinka era la medicina de mi mamá. Cuando la veía mi mamá se transformaba, era como si le hubieran dado un medicamento que le levantaba el espíritu. Álinka llevaba a mi mamá a la clase de cine, a las exposiciones, al teatro. Con ella se estaba en constante actividad. Esta relación se convirtió en un pilar en la felicidad de mi mamá, cuando la veíamos contenta nosotros decíamos: “seguro estuvo con Álinka”.
Nosotros la invitábamos a cualquier cumpleaños o reunión que teníamos por pequeña que fuera, era un verdadero gusto.
¡Con cuánto cariño remodeló las oficinas de Abraham para hacerse su departamento, que le quedó precioso!: Me encantó que su recámara la hiciera justo en donde era la oficina de él. Luego supe que cuando él vivía, ella siempre tenía un despacho al lado para estar junto a él.
Nosotros fuimos a la presentación del libro de Abraham en Bellas Artes y luego, la última vez que lo vi, con Álinka, fue en una exposición en este lugar. Él andaba en silla de ruedas. También me los encontraba seguido en aeropuertos cuando él venía de algún viaje o de una obra al interior.
Álinka manejaba muy bien las relaciones públicas y lo hacía de una forma muy natural. Era amiga de todos los gobernadores
Nosotros siempre vamos a recordar a Álinka con muchísimo cariño. A todos nos dolió muchísimo su pérdida.
Mina Levin
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