Eras la luz,  sin ti  me he  quedado en tinieblas.  

Fuiste un enorme y frondoso árbol que siempre me cobijó; un cálido  y mágico  brebaje que  me permitía digerir los sorbos difíciles;  una deslumbrante mesa siempre engalanada  por  tus creativos ornatos y, dispuesta  a recibir a todos. 

No he podido decirte cuánto te  extraño, no he podido pedirte  que  me acompañes y protejas  unos años más.

Sin ti   soy un ave  de  alas rotas, pero también una araña que construye y se aferra a su tejido para no caer en el precipicio.

Gina Zabludovsky Kuper

#

No hay comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

No hay comentarios que mostrar.