Fueron contadas las veces que la vida me permitió tratar a la Señora Álinka Kuper. Sin embargo, esos pocos momentos de cordialidad y saludos fraternos fueron suficientes para dejar en mi, la impresión de una dulce Mujer.
Por la ocasión, sólo pude estrecharle la mano y darle un beso en la mejilla, sentidos del tacto que ahora se refuerzan en mi mente con su finura y elegancia, su mirada y su sonrisa, su sencillez y afabilidad… ya no se trata de sentidos humanos, sino del sentimiento, que ella me reflejó.
Quizá el tiempo me hubiera otorgado bondadosos momentos de una conversación o una plática amena, tal vez una charla sobre las travesuras de sus hijos… Pero, el tiempo ha delegado que otras personas nos hablen de cómo era ella, de los grandes e inolvidables momentos que vivieron a su lado… porque mediante la palabra y testimonios de sus seres queridos, se verá reflejada su esencia gentil más allá de un tiempo preciso. Sólo así y de esta manera, con la exquisitez que la caracterizaba, lo habría hecho Álinka Kuper. Gracias por ello…
Con respeto:
Alicia María Juárez Becerril
No hay comentarios