Álinka Zabludovsky era una señora encantadora. Siempre de buen humor, veía todo con optimismo. Sonriente, con una hospitalidad increíble. A todas las personas les daba su lugar, sabía perfectamente quiénes eran, dónde las había visto, las ubicaba perfectamente.

Álinka era una persona finísima, con un gran amor a la vida, a su familia y a su esposo. Siempre sonriente, para mí, fue un gran ejemplo. En cualquier momento que la buscabas  la encontrabas contenta, con ganas de hacer cosas, de crecer, de mejorar. Siempre  dándole a la gente el valor que se merece. A mí, me conoció poco pero siempre la sentí muy cera, como si la conociera desde hace muchos años porque cuando me veía, así actuaba.

Ella siempre transmitía el valor del arte de su esposo. De una forma impresionante, hacía que cualquier gente que entrara a su casa la saboreara., Aunque uno no conociera las obras de Abraham, se llegaba a conocerlo a través de ella, lo cual era increíble.

Álinka gozó mucho la construcción de su nueva casa. Como había sido la oficina de su esposo, para ella  valía muchísimo. Disfrutaba  de  una  forma increíble. Creo que le hizo mucha falta la compañía del arquitecto durante los últimos años.

Cuando supe que Álinka Zabludovsky había fallecido, me dolió muchísimo.

Toni Kuri

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