“Ser nada más

                                             y basta.

                                             Esa es la absoluta dicha.”

                                                                          (Jorge Guillén.)

 Para Álinka:

Vi entrar a una mujer hermosa, mayor, con la edad de quien ha vivido la vida y ha aprendido a amarla, a gozar del tiempo más allá de sus monótonas horas de hastío y sus días muertos, más allá del dolor o del miedo; me crucé con una mirada amable, de esas que te invitan al diálogo, lejos de cualquier juicio, en un acogimiento casi maternal…

Sí Álinka, tú fuiste para mí una presencia amada que, cada vez que llegabas a clase, los miércoles por la tarde, inundaba de esperanza ese frío salón, dándome el ejemplo de una vida que no cesa, que no se detiene, que siempre se asombra ante las cosas, con ilusión, con ánimo, con ternura y amor; belleza y presencia querida, simpatía cómplice. Alegría cargada de años, de seriedad, de gusto por la cultura.

Hoy tu hija Gina me pide unas palabras para ti, alguna señal de nuestra amistad; vayan a ti, donde estés, mi admiración y cariño, y ese lugar que ocupas, sin estar y sin embargo siendo, como una de las personas más queridas de mis cursos, Álinka querida, Álinka nuestra.

Tatiana Espinasa Yllades   

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